Carlos Malo de Molina

Seguimos disfrutando de la gran prosa del escritor Carlos Malo de Molina

Capítulo 3 Putas por unos días: Alberto caza a Suzy

Carlos Malo de Molina

Al día siguiente Suzy y Poliana se reunieron con Cynthia en su casa. Tenían ganas de estar tranquilas, descansar. Escuchaban música brasileña… Eligieron, para empezar, el grupo Capital Inicial, que tiene canciones como Rosas e vinho tinto, Eu vou estar y O passageiro, que gusta a las clases medias y altas. Los brasileños viven una música distinta al resto del mundo, propia, con un ritmo diferente, cargada de sensualidad, para compartir, muy rítmica, normalmente sale poco de sus fronteras.

Los brasileños llevan la música en la sangre, su manera de vivir permanentemente enrolados a las fiestas les hace ser la encarnación por excelencia de la alegría, del disfrute del sexo y del sentimiento hacia la música. En sus calles suenan continuamente melodías brasileñas, sambas, bossa nova, reggae, axe… música que se convierte en la expresión popular de un pueblo extrovertido y sensual que manifiesta sus sentimientos y deseos de vivir a través del baile. En este maravilloso país se funden raíces occidentales, indígenas y africanas, convirtiéndose en un ejemplo casi único de mestizaje cultural que ha dado lugar a importantes creadores de reconocida fama mundial como Caetano Veloso, Milton Nascimiento, Gilberto Gil, Vinicius de Moraes, Marisa Monte y Carlinhos Brown.

Los orígenes de la música popular brasileña se remontan a las primeras vivencias coloniales, con presencia de portugueses, indígenas y africanos. La modhina y el lundu son la base de la música brasileña, más tarde, bailes de salón europeos como la polka y el vals se adaptaron y dieron origen al maxixe y al choro. A finales del siglo XIX, se generalizó el uso del término samba, refiriéndose al gesto de la umbigada y se empleó para denominar así al baile popular en general, que se fue transformando poco a poco hasta convertirse en un verdadero símbolo de la cultura brasileña. En los años 50 surge la bossa nova, que no es más que una reinterpretación de la samba con inspiración jazzista. A este movimiento le siguió el MPB ‘Música Popular Brasileira’ que emplea contenidos más críticos en torno a la injusticia social y la represión dictatorial de los años 60.

La ciudad de Bahía, en Salvador, es a Latinoamérica lo que Nueva Orleáns es a Estados Unidos. En Bahía se fusionan con ingeniosidad las culturas africanas y la brasileña, el ejemplo es Carlihnos Brown que mezcla funk, reggae, samba y baladas orquestales y está dejando una huella importante en la música brasileña.

Pero el verdadero desarrollo de la música popular urbana está estrechamente ligado a los carnavales y adquiere su máximo apogeo en los desfiles de las escuelas de samba, que preparan durante todo un año esta competición. Es difícil explicar el valor que la música tiene para los brasileños sino estás aquí, todo lo que os cuente es poco, cualquier rincón de cualquier ciudad, calle o establecimiento público está inundado por altavoces de radios y equipos de música por los que emanan las canciones con  gran volumen, es imposible abstraerse de este ritmo y no dejarse llevar.

Es la música de la vida, la música de los cinco sentidos, cuando llevas unos días oyéndola eres capaz de sentirla, tocarla, olerla y degustarla. Impregna todo lo cotidiano, y es algo tan intrínseco a ellos que tienen su propia producción, de altísima calidad y que raramente la exportan a otros países, igual que es difícil que otra música penetre su mercado.

Ninguna de las chicas, por distintos motivos, quiso hablar de Charlie, pero toda la filosofía de la discusión le rondaba. Las tres vivían felices con su vida, se tenían por intelectuales, no había que juzgarlas por estas dos últimas semanas, terriblemente inquietas y dinámicas, maduras, muy sensuales, pero no tenían una alternativa clara de cómo compaginar su pasión por el sexo con el desarrollo afectivo familiar.

En Europa, salvando las diferencias, con poco más de veinte años esto no sería un problema, ya que esta situación se presenta diez años más tarde. Las mujeres son más independientes, no tienen una sexualidad tan potente, y no priorizan tanto la necesidad de procrear rápidamente. Nuestras amigas son totalmente independientes, pero en el resto cumplen el estereotipo de la brasileña con algunos elementos radicalmente potenciados.

Cynthia tenía su pareja, Iván. Pensaba tener un hijo en breve con él, aunque no tenía claro si iba a ser para toda la vida, más bien apostaba por unos años. En ningún caso quería renunciar a otras y frecuentes aventuras. Mantenía dos amantes fijos, Mauricio y su ex novio Joao. Tampoco pensaba contárselo a su enamorado, al que trataba de engañar. En cierta medida Iván, enamorado, miraba para otro lado mientras le ponía, siempre que podía, los cuernos a Cynthia, cosa que ella suponía. Esta forma de pareja, con menos intensidad, es muy frecuente en Brasil.

Poliana era la más infantil, no tenía nada claro y no le preocupaba nada de momento; a veces pensaba que si se enamoraba profundamente sería todo lo fiel que se puede ser en Brasil, y otras que el modelo de Cynthia no estaba mal. Las veces que se había enamorado, en unas ocasiones se había dedicado en exclusiva a su amado y en otras lo había compatibilizado descaradamente con otras relaciones. Estos experimentos fueron efímeros, ninguno duró mas de tres meses.

Suzy creía en la sinceridad, hacía de este valor un punto esencial en su código ético e incluía su aplicación en las relaciones afectivo-sexuales. Se apasionaba con la idea del amor, pero no creía en él y como sus amigas creía en el placer, la pasión y la fuerza del sexo. Tenía decidido no mentir nunca a sus compañeros sexuales e igualmente no emparejarse en exclusiva con ningún hombre. Hasta la fecha no había tenido ninguna pareja.

Estos son los argumentos que utilizaron durante casi toda la tarde, mezclados con cortos comentarios sobre otros temas. Poli le preguntó de dónde había sacado a los negros para la exhibición ante el inglés. Suzy la contó que son del equipo de rugby de la Universidad de Góania, una ciudad próxima a Brasilia. Les conoció un día que estaba triste, algo deprimida, hace más de dos años; se fue al bar pesc-pague, a las afueras de la ciudad, allí se los encontró, se fue con ellos al motel Momentos, con los que tuvo una experiencia similar a la expuesta a Charlie, de las más potentes de su vida, y de las mejores pollas que había catado.

Poli le pidió el contacto de los chicos de rugby, a los que se apuntó la garçonete, que les contó que Mauricio, empresario de máquinas agrícolas, celebraba dentro de dos semanas una convención del sector en Guarai, una ciudad del estado de Tocantins, a unas tres horas de distancia. Ella le había narrado el juego de la mesa redonda y a él se le ocurrió organizar algo parecido en el sentido contrario pero sin juego, alrededor de una buena comida.

En el juego propuesto por Mauricio iban a participar unos veinte hombres, entre los que se incluiría él, pero necesitaba dos mujeres. Tenía un presupuesto de 3.000 dólares; 2.000 para las dos chicas y 1.000 para la captadora. A Suzy la idea la encantó; podría tener veinte pollas a su disposición y encima cobraría por ello. Se sentían putas, eso las excitaba sólo de pensarlo. Iban a disfrutar por primera vez de barra libre de sexo cobrando por ello.

La siguiente semana transcurrió más tranquilamente. Suzy, que tenía previsto reincorporarse al cabo de un mes a Londres, decidió retrasar su viaje. En poco más de un año, además de pagar el viaje, había ahorrado, para ella, 3.600 dólares; con el negocio de la convención podía quedarse más tiempo. Las clases de la universidad ya habían comenzado, recibió las notas del primer cuatrimestre y había superado los exámenes de febrero brillantemente. Tenía una Matrícula de Honor y dos sobresalientes definitivos; los correspondientes a asignaturas anuales eran cuatro sobresalientes y dos notables. Por internet, con un notebook Dell Latitude D600 recibía puntualmente los apuntes y textos necesarios para seguir estudiando, enviados por su compañera Catherine, una chica inglesa, gordita, guapa, de buena familia y muy empollona.

Llamó al Burger King para informar que por asuntos personales no sabía cuándo podría volver a Londres, por lo que dejaba su puesto de trabajo en suspenso. La responsable de Recursos Humanos la agradeció que avisara y la comunicó que la prepararían la liquidación al terminar su mes de vacaciones y la pondrían en lista de posibles candidatos para su readmisión cuando llegara, dada su adecuada profesionalidad y su adaptación laboral.

Se apuntó a un seminario literario sobre la figura de Paulo Coelho y su obra. Aprovechó para descansar, ver antiguos amigos en la Praça y convivir con su familia.

Poli también aplazó su vuelta a Río. No tardó en llamar para quedar con los jugadores de rugby antes de que se incorporaran a la universidad. Estuvo con ellos en el motel Momentos más de cinco horas, se dejó invitar por ellos, les exprimió hasta la última gota de semen. Les hizo repetir dos veces el triple polvo y se folló a los tres; a uno de ellos se la chupó una vez más, como despedida, hasta que se tragó todo su semen. Quedó encantada.

Cynthia siguió su rutina y tuvo que aplazar su cita con los chicos negros porque se marchaban. El miércoles se reencontraban todas en la mesa redonda del Filet Brasil. En esta ocasión fueron nueve, cogieron como colaboradores a un ex enamorado de una de las participantes, un chico blanco de 31 años, arquitecto, con pelo largo. No chupaba mal y jugueteaba con su cabello.

Después de la partida, para aliviarlo de su priapismo, su ex novia se lo folló ardientemente en la zona más oscura del bar. El debate se centró en la literatura de Coelho liderado por Suzy, Poli y otras más que asistían al seminario y del que acababan de tener una de sus jornadas.

A Suzy la entusiasmaba leer, era también una apasionada de su país, sentimiento que se acrecentó mientras residía en Londres pues añoraba aquella forma de vida. Esto la llevó a descubrir a grandes autores brasileños, como Jorge Amado, Joao Ubaldo Ribeiro y Paulo Coelho. En común tenían los tres haber escrito novelas eróticas libres de prejuicios y pudores sobre el sexo. Suzy leyó un libro de Ubaldo Ribeiro sobre la lujuria que era todo un canto a los placeres sexuales y al disfrute libre y despreocupado del sexo, quedó encantada, pues vió reflejada su forma de vivir la vida.

De Jorge Amado también le impresionó “Gabriela, clavo y canela”, donde una mulata de campo llega a la ciudad y pretende transformarse para casarse con su patrón y convertirse en una dama respetable de piel de canela y olor a clavo. Gabriela no lo consigue. Amado trata el sexo sin tapujos y lo muestra como una fuente de placer.

Paulo Coelho es hoy en día casi un gurú de la nueva literatura brasileña, para mucha gente es un fenómeno de masas. A Suzy le gusta su obra porque emplea un lenguaje sencillo y directo, donde el contenido es lo importante, y no las formas, aspecto que provoca fuertes críticas académicas al tiempo que es exaltado por sus fans.

Coelho tiene en su haber un récord, es el autor del libro más leído de Brasil y el más vendido en portugués de toda la historia, El Alquimista. Pero a Suzy le cautivaron más Verónica decide morir donde aborda el tema del suicidio por depresión desde las experiencias que vivió en su juventud internado en un psiquiátrico y Once Minutos, título que hace referencia a la duración media del coito, y en el que cuenta la vida de María una prostituta brasileña que emigra a Suiza con grandes ambiciones, de sexo y de dinero, buscando la felicidad.

La familia de Suzy es un auténtico gineceo. Está formada por su madre más bien joven, cuarenta y pocos años, y cinco hijas; su padre se dedica a la ganadería, con varias haciendas en los estados de Pará y Tocantins y más de 5.000 reses y rara vez está en casa; tiene dos hermanas mayores y dos pequeñas. Las dos mayores y una de las pequeñas están emparejadas y tienen hijos, aunque la segunda –Lilly- también vive en casa con sus dos crianças, su marido trabaja en New York.

Se llevan excepcionalmente bien entre ellas, se lo cuentan todo, no a la madre. La llegada de Poli fue muy festejada. Ella vivió hasta los 13 años en Redençao, pero por cambio de destino laboral de su padre se tuvo que trasladar a Volta Redonda una ciudad del noroeste a orillas del río Paraíba, situada a 130 kilómetros de Río de Janeiro, con casi 200.000 habitantes que era la sede de la Compañía Siderúrgica Nacional, empresa en la que trabajaba su padre. También era amiga de sus hermanas.

Dormían desnudas y, en ausencia de su padre y de visitantes, así se movían por la casa y jardín, protegido del exterior por una pared de 3 metros. Tenían cuatro cachorros y en ocasiones algún que otro animal. Sus conversaciones eran una delicia. Tenían un hermano de padre de 22 años al que en varias ocasiones Lilly se lo había tirado; durante un tiempo anduvo enamorada de él. Los consejos y las presiones de resto de sus hermanas hicieron que desistiera, lo que no impedía que de vez en cuando siguiera follando con él. También estaba emparejado.

El viernes por la noche su madre se había marchado a una de las haciendas con su marido. Todas las hermanas, junto con Poli, aprovecharon para prepararse una barbacoa junto a la piscina. Las crianças estaban ya dormidas. Cuando estaban dándose su primer chapuzón llegaron otras dos primas que se sumaron a la fiesta. Una de ellas, Rosinha, era un contraste muy divertido. Era leal como la que más, pero tenía unos planteamientos completamente distintos al resto, lo que servía para que la estuvieran continuamente provocando, exagerando incluso su liberalidad sexual, y deteniéndose sin pudor en los detalles más morbosos de sus distintas experiencias.

Es la única que permanecía con un bonito bañador amarillo. Estaba casada, tenía un hijo, pero su marido tenía cinco más con otras tantas vecinas. Ante el escándalo continuo del resto no le gustaba chupar una buena polla y mucho menos tragarse el semen.

Suzy, como era de esperar, fue la estrella de la noche. Las empezó narrando su vida en Londres, pero estuvo mucho más tiempo hablando con todo lujo de detalles de sus tres últimas semanas. Se recreó con Charlie, con su polla, su cuerpo, su ternura; en esta parte Poli asentía vehementemente; se divirtió describiendo los distintos eventos. En un momento determinado en el que le chispeaban los ojos, Rosinha dijo algo que, sin que sirva de precedente, fue aprobado por todos… ‘cásate con él’. No respondió, volvió a hablar de su experiencia londinense.

Situación que utilizó Lilly para contar cómo en una fiesta, en una hacienda a las afueras de la ciudad, se folló al novio de su mejor amiga. Ella iba sin calcinha, falda corta; él llevaba un pantalón sin calzoncillos y sin cinturón; cuando él se estaba corriendo con suaves gemidos, entró su amiga en el cuarto a besarse con otro chico. Él pudo controlarse momentáneamente, pero la presencia de la mujer les excitó a los dos mucho más y no pudieron reprimir ni sus movimientos ni sus expresiones que fueron mucho más potentes.

Ante el lío, ella descubrió a Lilly, pero no a su marido; se asustó y se marchó con su pareja, con lo que pudieron acabar su magnífico y morboso polvo. Los dos salieron exultantes, aunque él un poco menos ante la evidencia de que su mujer le quería poner los cuernos. Más tarde su amiga la comentó a Lilly ‘menudo polvo te estabas echando en el guardarropas, ya me dirás a quién te tirabas’; ella le contestó que no podía decírselo porque era un hombre casado y a lo mejor ella lo conocía. Rosinha le dijo… ‘con razón no dejo que te acerques a mi marido’. Las demás se rieron.

La relación entre Lilly y Suzy era todavía más intensa, aunque el temprano matrimonio de la hermana, a los 16 años, había creado alguna barrera. Suzy intentó, sin conseguirlo, que no se casaran. Lilly seguía muy enamorada de su marido Marçio a pesar de la distancia, él pasaba casi medio año en Redençao, tiempo en el que la mujer y sus hijos se reunían en su propia casa, a escasa distancia de ésta; follaban varias veces a diario cuando estaban juntos, a parte de las mutuas y continuas infidelidades, ambos eran terriblemente celosos.

Lilly le pidió a su hermana que la incorporara a la mesa redonda, Suzy se comprometió a intentarlo y le contestó que muy probablemente lo conseguiría, cuando se marchara, cubriendo su recién recuperado puesto. Lilly era amiga, desde hace muchos años, de todas las participantes, pero estaba embarazada de su segunda hija cuando se realizó el primer juego.

Continuaron hasta muy de madrugada con las conversaciones, los baños y la barbacoa. Como ocurría en aquellos prolongados encuentros fraternales, rememoraron su infancia, de manera especial, sus primeros estímulos sexuales y sus obsesiones por follar. Después de un último baño, ya con el agua casi caliente, se tomaron un último whisky y se retiraron todas juntas a la misma habitación.

Ya en las dos camas, un poco apretadas, antes de dormir, iniciaron un último debate sobre las drogas. Desde hacía unos años entre los jóvenes de Redençao, muy en línea con lo que estaba pasando en el resto del mundo, corría con demasiada facilidad la coca y las pastillas de diseño. En el radical rechazo a su consumo había unanimidad de criterio. Suzy enumeró los daños que poco a poco generaba, de forma irreparable, el consumo de cocaína… Fuertes desequilibrios emocionales, pudiendo llegar a brotes psicóticos, cambios radicales en la conducta, alteración en la escala de valores transformando a los consumidores en egocéntricos e individualistas, pérdida de sensibilidad física, pérdida del apetito sexual que en los hombres provoca la impotencia. Consecuencias ya conocidas en parte por el resto que sólo hizo reconfirmarlas en su colectiva posición antidroga.

Suzy había recibido varios e-mails de Charlie pero no los había contestado. En su despedida modificó su primer criterio de no volver a tener ningún contacto con él y aceptó recibir sus correos, avisándole que tardaría en contestarle. Habilidosamente Charlie no le hablaba de sus sentimientos hacia ella, le agradecía las recientes experiencias vividas juntos, se recreaba especialmente en el día que pasearon juntos desnudos por los carnavales y le relataba su vida cotidiana, sin mencionar ninguna cuestión sexual.

Durante la semana siguiente continuó con el seminario, acordó un viaje con Branco donde el empresario de frigoríficos tenía un espléndido yate, asistió a su cita de los miércoles en la mesa redonda y acompañó un día a su padre a una de sus haciendas próximas. En esos días Suzy además de a Branco, sólo folló con un antiguo ligue de hacía tres años. El viernes se fueron a la convención agrícola en Guarai.

En la experiencia de los tres negros con Suzy sentí de nuevo el efecto Marisia.

La idea de sentirse putas las excitaba mucho a las tres, ni necesitaban dinero (no eran nada ambiciosas) ni mucho menos necesitaban esa forma de practicar el sexo. Pero el morbo de hacerlo sólo por dinero era una idea que siempre habían acariciado, no se habían atrevido, pero iban entusiasmadas a esta primera y fortuita ocasión. Tenían todos los gastos pagados en un magnífico hotel donde les habían reservado una de las mejores suites, con un jacuzzi muy amplio, redondo; en la sala de estar y en los dos dormitorios tenían pantallas planas de televisión y carta abierta para todo tipo de gastos dentro del hotel.

Viajaron por carretera en el nuevo Porche 4×4 Cayene, acompañadas de Mauricio y de un chófer. En el camino Mauricio les comentó que había pensado en complementar el juego con dos ideas más. Al final de la comida cada una de las dos, Suzy y Poli, se situarían en dos salones complementarios y estarían accesibles a que cualquiera de los participantes en el evento pudiera follarlas. La segunda idea consistía, ya que ellas iban a estar hasta el lunes, en que durante ese tiempo estarían a disposición de la convención para tranzar con aquél que lo solicitara.

Por la primera de las ideas cobrarían 3.000 dólares más y por la segunda 200 dólares por cada solicitud, siempre que ésta no durase más de hora y media. Las propuestas no sólo no asustaron a las tres amigas, sino que le dieron un mayor aliciente. Iban a actuar durante tres días como putas hasta las últimas consecuencias. Cynthia se quedó un poco envidiosa, aunque en todo caso ella cobraría, según lo pactado, la tercera parte de todo el dinero.

Llegaron a mediodía y se fueron, después de tomar posesión de las habitaciones, a comer los cuatro juntos, que aprovecharon para discutir sobre política nacional analizando la presidencia de Lula en relación con las transformaciones económicas que estaba viviendo el país. En general las conclusiones eran bastante favorables, muy en línea con las opiniones que en  el contexto mundial se estaban haciendo.

Lula llegó al poder representando a la izquierda radical brasileña a través del Partido del Trabajo, con el apoyo de comunistas y sindicatos, en un momento en que la América Latina está gobernada, en parte, por presidentes demagógicos, izquierdistas y populistas que generan la desconfianza de la economía mundial. Contra todo pronóstico y lejos de contribuir a la desestabilización política y económica, ha sido clave para fortalecer la estructura económica de Brasil y por ende de su entorno.

Ganó en 2002 después de perder cuatro elecciones presidenciales, dos contra Cardoso y dos contra Collor de Melo. Con un gran despliegue de promesas proclamó la llegada de una nueva era, la formación de un gobierno de coalición abierto “a los mejores”, un pacto nacional contra la pobreza, la corrupción y la inflación, la promesa de dar tres comidas a todos y cada uno de los brasileños y crear 10 millones de puestos de trabajo.

Nadie duda de que Lula ha puesto empeño en su proyecto político, en su objetivo de luchar contra la desigualdad y la injusticia social consiguiendo avances importantes y constatables.

Pero otros factores a los que quizás no se les reconoció la relevancia que tenían, como la elevadísima deuda pública de Brasil y un entorno internacional desfavorable hacen prever que el mandato de Lula finalizará con una aceptable percepción, pero con algunas frustraciones.

La vida personal de Lula es el ejemplo del hombre hecho a sí mismo. Es el séptimo de ocho hijos de padres labradores analfabetos. Vivió al amparo de una madre protectora ya que no conoció a su padre hasta los cinco años, del que recibió malos tratos. Siendo niño desarrolló los más variopintos trabajos (limpiabotas, mozo de tintorería, recadero…) que compaginó con sus estudios elementales. A los 14 años comenzó a trabajar en diferentes empresas siderometalúrgicas para, años después, afiliarse a un sindicato del sector desde donde da el salto a la política con la fundación del Partido de los Trabajadores.

Suzy y Poli se echaron una siesta seguida de un agradable baño en el jacuzzi, de casi una hora, acompañadas por una botella de cava español, Freixenet Brut Nature.

Cynthia acompañó a Mauricio a su suite dispuesta a quitarse parte de la ansiedad provocada por el panorama erótico festivo de sus amigas, que una vez más le estaba vetado. Le quitó la camisa con la boca, arrancándole los botones, y le comió el pecho a besos y suaves mordiscos. Mientras preparaba el jacuzzi caliente y con espuma, le quitó el resto de la ropa. Sobre la alfombra, mientras ella saboreaba sus testículos y su polla, él para corresponderla la arrancó la calcinha con los dientes y empezó a comerse su buceta. La introdujo la lengua por el culo para penetrarla analmente en posición de cuatro, a la vez que con sus manos jugueteaba apretando sus pezones.

Cuando ambos se corrieron, ella algo antes, pasaron al jacuzzi, ya preparado, donde se besaron y acariciaron hasta conseguir una nueva erección, que Cynthia aprovechó para introducir la polla en su coño, con ella sentada sobre él mientras Mauricio mordía, cada vez más fuerte atendiendo a su demanda, de forma alternativa ambos pezones. El polvo fue bueno y los dos se corrieron simultáneamente.

La gran cena ya estaba sobre la mesa. Eran veintitrés comensales, casi todos de mediana edad, entre cuarenta y sesenta años, buenas pintas, bien vestidos, pero la mayoría con barriguita, tres más bien obesos.

La mesa era rectangular, casi cuadrada, con un mantel blanco cuyos faldones llegaban hasta el suelo. En el momento de brindar con vino español, Marqués de Murieta, un reserva de Rioja, Suzy y Poli abrieron puertas opuestas del salón, sin ropa, con un antifaz de color rojo y con zapatos de tacón muy alto del mismo color. Entraron en la habitación avanzando hacia la mesa para introducirse debajo de ella, ante las miradas atónitas de los participantes.

Mauricio, como buen anfitrión, había avisado del contenido erótico del evento pero sin concretar ni el más mínimo detalle. La sala era lógicamente un reservado, muy en proporción al tamaño de la mesa, lujosa y excelentemente decorada con ramos de flores muy coloridas. Pasados unos minutos, sin que ocurriera nada, las chicas empezaron a levantar los faldones de la mesa situándolos a la altura de la cintura de cada uno. Lo hacían lentamente, uno a uno, y de forma aleatoria.

Poco después, y de la misma forma anárquica, ellas masajearon suavemente los muslos y las braguetas para después ir quitándoles zapatos y calcetines. Les dejaron descalzos unos minutos mientras degustaban los entremeses. Cuando se empezaba a generar algo de ansiedad en los asistentes, les desposeyeron de sus cinturones para, poco a poco, ir quitándole uno a uno sus pantalones.

La ansiedad se transformaba en desconcierto y todos se sentían como atados a la mesa, sin poder moverse de la silla. Se sentían entre morbosos y avergonzados, pero ninguno hizo nada para evitar que le despojaran de su ropa.

Suzy y Poli se pusieron a acariciar, besar e incluso chupar los genitales por encima de sus calzoncillos. Ellos hablaban poco y entrecortadamente, comían lentamente y agotaban una a una todas las botellas de vino que las camareras dejaban sobre la mesa. Cuando creían que el juego quedaba aquí, con unas tijeras les fueron cortando y quitando a trozos la ropa interior. Se pusieron a beber todavía más y algunos se pasaron directamente al whisky.

Debajo de la mesa habían instalado previamente un sistema de luz tenue para poder organizar todo el desarrollo del juego, por lo que se podía apreciar de forma clara la desnudez de los veintitrés cuerpos. Llegado a este momento, en el que los invitados empezaban a olvidar su vergüenza, las colaboradoras empezaron a realizar lo que ya parecía inminente. Con sus bocas y sus manos manipulaban las pollas, ya prácticamente eréctiles, de todos los presentes.

Con la desinhibición que ya se notaba por encima de la mesa y después de que Mauricio dijera que recomendaba a los varones presentes que tuvieran contención para disfrutar en mayor medida del evento y poder guardar sus fuerzas para una actividad posterior, éstos que hasta ese momento no se habían atrevido, empezaron a hablar de sexo y de lo que parecía que estaba ocurriendo por debajo de la mesa.

Los más atrevidos y los que tenían mejor cuerpo se quitaron el resto de la ropa. Algunos, como era de esperar, no pudieron evitar correrse rápidamente; pero gran parte se mantuvieron firmes hasta el final. Varios se atrevieron a levantarse y a cambiar sus posiciones con otros. Suzy y Poli, aunque el material con el que trabajaban era de bastante inferior calidad al que ellas estaban acostumbradas, disfrutaron más que ellos con el juego y se aplicaron en mayor medida a chupar las pollas más atractivas, entre las que se encontraba la de Mauricio a la que Suzy consiguió extraerle el semen.

En los postres, ambas, con unas botellas de whisky que tenían preparadas, rociaron de forma consecutiva los genitales para saborearlos de forma desordenada. Poco después y simultáneamente abandonaron la mesa y la sala, quedándose los miembros de la convención tomándose sus copas y hablando, ante la ausencia de las chicas, con mayor procacidad sobre lo ocurrido y de la exhuberancia de sus cuerpos.

El anfitrión al observar que uno hacía amago de recuperar su ropa, les informó para alegría de los presentes, que la fiesta continuaba.

Unos camareros introdujeron una bonita alfombra que colocaron al final del salón. Entraron de nuevo en la habitación las dos amigas que habían cambiado su antifaz rojo por un negro y sus zapatos por unas botas altas. Se pusieron en paralelo a cuatro mirando la pared, momento en el que Mauricio les informó que aquél que quisiera podría follar a cualquiera de ellas, siempre que fuera de uno en uno y en esa posición, mientras el resto podía seguir con la tertulia.

Podían penetrarlas por el ano o por la vagina, podían correrse dentro o fuera, pero no podían tardar más de ocho minutos. Rápidamente se pusieron en marcha los dos primeros voluntarios. La escena no podía ser más morbosa… Dos follando, dos esperando y el resto viéndolo todo como el que no quiere la cosa. Suzy y su amiga, a pesar de lo poco atractivo de los cuerpos y del inadecuado nivel de las capacidades amatorias de los invitados, se corrieron nada más ser penetradas la primera vez y así volvieron a hacerlo durante muchas veces.

Estuvieron dos horas de rodillas hasta que, suficientemente satisfechas pero muy cansadas, sonó la campana y nuevamente se retiraron, esta vez a su habitación. El resto se incorporó a la dinámica de su convención.

Ya en su suite se reencontraron con Cynthia, ansiosa de conocer todos los detalles y sus sensaciones. Iban maravilladas, casi extasiadas, sin importarles el agotamiento e incluso excitadas sexualmente. Poli comentó que tenían que repetir esta experiencia pero con pollas de buen nivel y con chicos atractivos. A Cynthia le gustó la idea y con ella se quedó en alguna medida recompensada. Se metieron juntas en el jacuzzy bebiéndose otra botella de Freixenet igual que la anterior.

Suzy, como consecuencia de su subidón de adrenalina, les comentó que sentía que eran unas privilegiadas; vivían y gozaban como querían y tenían todo su futuro por delante, casi sin fronteras ni límites. Las tres eran amigas desde la infancia, siempre habían estado conectadas y habían pasado infinidad de experiencias juntas. Cynthia, que estaba de acuerdo con los planteamientos de su amiga, sentenció… ‘deberíamos viajar y vivir juntas’. Se relajaron para, al cabo de una hora, estar pendientes de las distintas demandas de servicios sexuales.

Cynthia se trasladó a la suite de su amigo para organizar los encuentros.

Surgió un problema de planificación. Las demandas llegaron en aluvión, con lo que hubo que organizarlas en cortes de tiempo. Había diecisiete peticiones para esa noche. Empezarían a las doce de la noche, y a las horas en punto Suzy y Poli se cambiarían de habitación. La primera terminaría a las ocho y la segunda a las siete. De momento descansarían hasta la noche siguiente.

Mauricio les había preparado a cada una de ellas una docena de juegos íntimos de la marca de corsetería española La Perla, así como dos batas de seda natural a juego con unas zapatillas, además de perfume J’adore de Christian Dior.

Los encuentros sexuales en cada una de las habitaciones fueron de un nivel más bien bajo. Rutinarios, aunque eran señores muy educados y de buena conversación, casi todos declararon su amor emocionados y condicionados por el atractivo de sus cuerpos y de su juventud. Uno le propuso matrimonio a Suzy. De ellos se salvaban dos, uno de Brasilia y un español, de Madrid, que representaba la marca John Deere para el cono sur, Alberto, de 42 años, alto, bien parecido, con una polla de un tamaño aceptable y muy estética, que además sabía follar bien.

Alberto era un seductor, la trató como si fuera una dama, la lisonjeó y no pretendió entrar rápidamente al sexo. Sólo al final, cuando faltaban quince minutos para cubrir su tiempo, le quitó con delicadeza la calcinha y le besó en la buceta pasando suavemente la lengua. Conversaron con fluidez y contenido, hablaron sobre la necesidad de aprovechar las oportunidades de la vida, de saber luchar, de ser proactivos, ambos se consideraban emprendedores.

A la mañana, de vuelta a la habitación, se encontró a Cynthia y Poli hablando sobre la experiencia nocturna. Cynthia había pasado la noche con Mauricio y Poli relataba un escenario parecido al de Suzy. Estaba algo decepcionada, en su caso sólo se salvaba uno y a medias. Las dos noches que les quedaban a ambas se les hacían un poco cuesta arriba. Las tres se volvieron a meter en el jacuzzi con otra botella de cava. Allí Suzy recuperó la conversación que tuvo con Alberto, estaban inquietas, necesitaban demostrarse que se querían comer el mundo. Las otras reavivaron el proyecto de hacer algo juntas. Cynthia llamó a Mauricio para convencerle de que sólo mantuviera en servicio de compañía esta noche y eliminara el del domingo. Él aceptó y sus amigas lo agradecieron mucho. El día lo pasaron durmiendo, leyendo y viendo algo de televisión.

A las doce de la noche volvieron a su trabajo. Tenían doce solicitudes, seis para cada una. En la lista estaba Alberto para Suzy, esta parte le gustó. El desarrollo del trabajo fue del estilo al del día anterior, a excepción del intervalo entre las tres y la cuatro de la mañana que acudió a la habitación del español. Éste le esperaba con un bonito regalo, le había comprado una elegante pulsera de oro blanco. Estuvieron hablando de Brasil, del que ambos estaban enamorados; esta vez hicieron el amor con ella sobre él, sin dejar de hablar. Alberto le ofreció que pasaran la siguiente noche juntos, pagando lo que correspondiera; Suzy aceptó, pero con la condición de no cobrar nada.

A las seis de la mañana otra vez las tres se encontraban en el jacuzzi. La última en llegar fue Cynthia que venía nuevamente de estar con Mauricio.

Definitivamente daban por acabada su vida de putas. En pocas horas habían apreciado sus contenidos y sus límites. No querían más, y con cava cerraban esta vertiente del sexo para siempre.

A las ocho de la tarde se fue a cenar con Alberto a la Churrascaría, le regaló unos pendientes a juego con la pulsera del día anterior. Esta noche les tocó hablar de sus vidas y sus proyectos. Alberto había hecho bastante dinero y tenía pensado dejar la representación industrial para montar un restaurante brasileño tipo Rodizio, en Madrid. Estuvieron tomando copas en distintos sitios. Hicieron el amor a cuatro. Alberto le propuso ir juntos a Bahía. Tenía pendiente otro viaje con Branco, pero con el español le apetecía más. Alberto era amigo de Mauricio y éste tenía un barco allí, por lo que podrían ir los cuatro.

A media mañana volvían a Redençao. Poli esa tarde partía hacia Río para retomar su curso académico. Cynthia, después de faltar tres días, retomaba su trabajo; y Suzy, dudaba entre todas las alternativas. En su correo seguían llegando los mensajes de Charlie y los apuntes de clase. De momento pensaba seguir un tiempo en Brasil. Contestó por primera vez al inglés, contándole sus últimas experiencias, le relató prácticamente todo excepto nada que tuviese que ver con Alberto.

Por la tarde, en la Praça, Cynthia le contó que se encontraba mejor con Mauricio que con Iván; lo veía más sólido, más maduro, le hacía sentirse más segura. Suzy le transmitió una idea similar sobre Alberto, era demasiado pronto pero a su lado se sentía bien, se comunicaba.

El miércoles, al faltar Poli, dejaron que Lilly participase en el juego de la mesa redonda, teniendo en cuenta que pronto se iría también Suzy. Esta vez el colaborador fue un joven de 18 años rubio, de ojos azules, que besaba de forma inexperta pero apasionada. Al final, de común acuerdo, dejaron que Lilly compensara adecuadamente al chico, al que se llevó al motel Oce Que Sabe y se dieron un buen repaso juntos. Ella le chupó la polla hasta que se corrió, siguió chupándosela sin parar mientras él besaba su buceta, y cuando estuvo lo suficientemente erecta se sentó sobre él consiguiendo que se corriese dentro. Todavía después de descansar consiguió que se volviera a correr, poniéndose ella a cuatro; luego los dos se fueron a la discoteca Kalcuta y estuvieron bailando hasta el amanecer.

Al volver a casa volví al pubis de Suzy. El viernes se presentó por sorpresa Alberto en la casa de Suzy en Redençao; le trajo de regalo un collar y una pulsera a juego de ámbar, que combinaban entre sus piezas todos los tonos del amarillo al negro pasando por el teja, de un gusto exquisito. Se fueron a cenar al restaurante Bambina; después hicieron tiempo tomando unas copas en Gasolina.

El español le contó que había cambiado de idea de negocio, porque le habían informado que ya existía un Rodizio en Madrid en la calle Pez Volador, de gran tamaño, que funcionaba bien, con buena calidad de carnes y música en directo. Ahora pensaba en una gran discoteca con un ambiente y música brasileños. Retomaron la idea de la excursión a Bahía.

Un poco antes de las dos de la mañana llegó Mauricio y poco después Cynthia que alquél día tenía jornada reducida. Los cuatro se fueron en la Cayene a la hacienda del empresario brasileño. Tenía una casa de madera, con buen gusto, con un equipo de música de gran calidad y pantalla de plasma de 42 pulgadas, con una magnífica colección de CD’s y DVD’s de todo tipo de música brasileña. Estuvieron escuchando música hasta las cinco; hablaron de política nacional, de Ben Laden; a Alberto le preguntaron muchas cosas sobre España. Bebían champaña francés, Veuve Clicquot. Después, cuando ya había amanecido, se fueron los cuatro a caballo por la propiedad, se pararon en una represa para bañarse desnudos en sus aguas, donde las dos parejas hicieron el amor.

Ambas relaciones estaban evolucionando de forma diferente, pero con un final convergente. Cynthia y Mauricio llevaban más de un año viéndose, con una relación de respeto y de sexo sin aparente afectividad, que poco a poco se iba desarrollando. Suzy y Alberto desde el primer momento sintieron atracción afectiva por encima del sexo. Ninguno de los cuatro había declarado al otro su amor.

Ese fin de semana Suzy y el español se quedaron en la hacienda paseando, escuchando música y follando en cada rincón. A Suzy le gustaba sobre todo chupar la polla y que la penetraran a cuatro mientras le tiran con fuerza del cabello. También le encanta que en el momento del orgasmo le muerdan los pezones; le gusta sentir algo de dolor mezclado con placer.

En los siguientes días Cynthia rompió con Iván, pero manteniendo su amistad y follando de vez en cuando con el. Era como si Mauricio pasase al primer puesto e Iván al segundo o tercero.

Lilly se encaprichó con Paulo, el chico del juego de la mesa redonda. Quedaba con él con cierta frecuencia para ir al motel Oce Que Sabe. Un día, recordando viejos tiempos, quedaron las dos hermanas con Paulo y se corrieron una buena fiesta; otra le cedió Paulo a Suzy y otra a Cynthia. Las dos se echaron buenos polvos con él.

Por fin se organizó el viaje a Salvador de Bahía. Mauricio, Cynthia y Suzy salieron juntos para encontrase con Alberto en el motel Pestana en Bahía. Entremedias, Alberto había venido una vez más a Redençao y Suzy se acercó a Brasilia un fin de semana.

La relación con el español provocó que Suzy retomara una comunicación más normalizada con Charlie. Le contestaba con frecuencia a los mensajes, ya no tenía porqué protegerse. Le contó sus sentimientos hacia Alberto, y él a su vez su incipiente relación con una compañera de la universidad.

A su vez se sentía contenta con su nuevo amigo, él era tan independiente como ella, acababa de separarse y aunque vivía sólo tenía una medio novia, con la que mantenía relaciones sexuales frecuentes. Había muchas cosas que le gustaban de él, pero sus exquisitos y continuos detalles y regalos la desarmaban. En esta ocasión ella le había comprado dos calzoncillos Hugo Boss y una corbata de Versace con mucho colorido, en línea con las que a él le gustan.

Él volvió a sorprenderla. Sobre la cama tenía un paquete envuelto, un vestido de seda también de Versace, le pidió que se lo pusiera, esta noche sin calcinha. En otro paquete había un bolso y unos zapatos de la misma marca, a juego con el primer regalo. Ella aceptó a pesar de que la tela era algo transparente y si alguien se fijaba podía darse cuenta de que no llevaba ropa interior, ni arriba ni abajo. Así fueron a cenar acompañados de sus amigos al Solar Do Unhao, un restaurante para turistas con actuación en vivo de un grupo de indígenas, que bailaron capoeira. Comieron de primero Tutú Mineira, hecho a base de caldo, judías negras, harina de mandioca, ajo y sal, y xin xim de gallina, realizado con una gallina de buen tamaño, camarones secos, cacahuetes, leche de coco, tomates, ajo, cebolla, aceite de dendé, guindilla, limas, jengibre rallado, perejil, aceite de oliva, pimienta negra y sal.

Alberto acarició frecuentemente su buceta mientras comían. Al salir del restaurante, en una calle cercana, delante de sus amigos, sin importarles la gente que pasaba por la calle, sentó a Suzy sobre el capó de un coche, le levantó el vestido besando lentamente su vagina, aunque la zona no estaba muy iluminada, varias personas con actitud curiosa se pararon a mirar, después le dio media vuelta, se abrió la bragueta y la penetró suavemente. Mientras follaba, Suzy miraba a un lado y a otro para apreciar cómo eran observados por un grupo de gente que ya formaban un corro a su alrededor. Al correrse y terminar ambos, los más de veinte curiosos se dispersaron sin más, como si acabaran de ver una performance de la ciudad.

Los cuatro fueron a una discoteca cerca de la playa, Lagoa Mar, en Patamares, donde bailaron lento. A la salida Cynthia y Mauricio no quisieron ser menos y montaron el mismo numerito que sus amigos, atrayendo igualmente y con la misma actitud, la atención de los que pasaban. Terminaron bañándose en el mar y haciendo el amor en la arena, a la luz de la luna. Por la mañana fueron a última hora a la playa, y por la tarde Mauricio les dio con su coche una vuelta turística a la ciudad.

Bahía es el Estado con más historia de Brasil, los colonos portugueses entraron por aquí con sus barcos y sus esclavos africanos. Todo lo que uno espera de Brasil lo encuentra aquí, sus gentes encantadoras y sensuales, playas paradisíacas, edificios coloniales, explosión de colores. Como dice la canción de Veloso ‘Na Baixa do Sapateiro’ Bahía es la tierra de la felicidad, un lugar para disfrutar con todos los sentidos en cualquier momento del año.

El bahiano tiene un sentido especial para la música, grandes cantantes son de este estado. El ritmo de la música inunda sus calles, sus casas y sus playas como en una fiesta permanente, la bossa nova llena todas los rincones y los mulatos danzan en las discotecas al ritmo pagode.

El centro histórico de Salvador es Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo llaman Pelourinho y su encanto te enamora al momento, durante mucho tiempo aquí estuvo el núcleo de la colonia portuguesa. La bahía de la ciudad, con esas playas, las iglesias y palacios barrocos es de las más espectaculares del mundo; sus mujeres mulatas, tocadas con turbantes de colores te ofrecen platos de carajé y son de una belleza arrebatadora. La mujer bahiana es sensualidad, es energía, es espontánea y muy sexy, siempre dispuesta a disfrutar con el sexo.

En las playas la gente se divierte, se bañan, toman el sol y juegan al fútbol, mientras beben refrescante agua de coco y comen exquisiteces bahianas. Unos jóvenes practicaban el capoeira, un arte marcial traído por los esclavos africanos que consiste en dar saltos suaves al ritmo de samba, y me deleité viendo sus cuerpos deslizándose con suavidad por la arena de la playa.

Esa noche cenaron en el restaurante Baby Beef, elegante, grande, de gran calidad, magnífico servicio, las paredes exteriores formadas por plantas. Pidieron sopa de camarones a base de gambas, ocra, harina de mandioca, tomates, vinagre, limón, guindilla, aceite de oliva, pimienta negra y sal, y un buen entrecot a la pimienta. Después los recogió un coche que los trasladó a un barrio popular para asistir a una sesión de candomblé, un ritual religioso africano en el que la oficiante es poseída por un espíritu.

Se fueron a otra discoteca, Quereres¸ en Pelourinho. Antes de salir del motel Alberto le entregó otros tres paquetes, un nuevo vestido con zapatos y bolso a juego, esta vez de la marca Prada, y le puso la misma condición. Después de beberse tres botellas de champaña francés Dom Perignon, acordaron para esa noche un intercambio de parejas. Empezaron allí mismo, ya que ellos se tomaron sus últimas copas derramando su líquido sobre las bucetas de sus acompañantes. Mauricio saboreando el coño de Suzy y Alberto el de Cynthia. Ya en las habitaciones follaron bien los cuatro. Suzy volvió a saborear la polla de Mauricio y consiguió que se corriera tres veces, una en su boca, otra en su culo y la última en su buceta.

A la mañana siguiente las parejas se recompusieron y cuando cada uno estaba en su habitación Alberto le entregó varios paquetes, era ropa para el barco: dos bikinis, tres camisetas, dos tops, dos pantalones cortos, una falta corta y tres pares de zapatillas. A mediodía partían. Era un barco de motor, de 40 pies de eslora, magnífico, recién estrenado. Tenía dos pisos, en el de arriba la zona de mando, semicubierta, con tres filas de asientos; el de abajo, con una zona descubierta, que bajando dos escaleras y pasando una puerta se entraba a un cómodo salón del que salía un pequeño pasillo, por el que se accedía en primer lugar a una pequeña cocina de tres metros cuadrados a la derecha y un servicio de idénticas proporciones a la izquierda; después había un camarote a la derecha y otro a la izquierda, y al final otro camarote más grande.

La tripulación está formada por un capitán y dos marineros. Mauricio, como buen anfitrión, cedió el camarote del fondo a Suzy y Alberto, él se quedó con el primero a la izquierda y el otro para la tripulación.

La relación de los cuatro era magnífica, con fácil comunicación y confianza. Nada más iniciar el rumbo, sentados en la parte superior, Alberto volvió a hablar de su nuevo proyecto empresarial en Madrid. Una agencia, a la que había encargado la búsqueda del local, le había ofrecido el traspaso de una recién cerrada discoteca en la Castellana, muy cerca del ático donde él vive. Tendría que invertir tres millones de euros aproximadamente.

Ante la sorpresa de los demás, les pidió su colaboración. A Mauricio quería tenerlo como socio minoritario si él aceptaba y las chicas, dado que él todavía tendría que estar representando los intereses de John Deere, quería que montaran y gestionaran el negocio. Mauricio dijo que le sonaba bien y Suzy, representando la opinión de las dos, que a ellas les sonaba todavía mejor.

Al final de la tarde, después de intentar pescar sin conseguirlo, fondearon cerca de la costa para echarse un baño con el agua muy templada. Se quitaron la poca ropa que llevaban y se tiraron al mar. Es una sensación maravillosa sentir el cuerpo libre en la inmensidad del océano.

Al subir por la escalerilla de nuevo al barco se quedaron desnudos tomándose en la proa una botella de vino blanco italiano muy frío, acompañado de una gran variedad de quesos con galletitas saladas. En esta ocasión hablaron de la estética, la moda y la combinación de colores.

Se pasaron al whisky y ambas lo mezclaron con las pollas de sus amigos, alternándolas. Después les tocó el turno a ellas, que bebieron rociando el alcohol por todo el cuerpo de ellas. Así despidieron al sol. Se quedaron medio dormidos y medio bebidos. Un asistente les trasladó unas colchonetas. En una se acomodaron Cynthia con Mauricio y en la otra los otros dos. A media noche Suzy se despertó, con mucha delicadeza manipuló con la mano y la boca la polla de su compañero hasta endurecerla para penetrarla en su buceta, con mucho cuidado para follarlo sin que se despertase. Lo consiguió.

Al amanecer tenían preparados en unas bandejas zumos, frutas tropicales, café en un termo, pan tostado y diversos bollos. Un desayuno delicioso, perfeccionado por la situación. Al despertarse Cynthia dijo ‘el culmen de la felicidad debe ser algo parecido a esto’. Mientras paladeaban con tranquilidad pasmosa el desayuno debatían sobre la felicidad y la capacidad para percibirla.

Se tiraron al mar. Al volver después de más de una hora, los chicos se fumaron sendos puros habanos Cohíba de tipo robusto. Alberto, que no estaba acostumbrado se mareó un poco y necesitó los mimos de Suzy para recuperarse. En todo este tiempo, para evitar un chapuzón letal, me acomodé entre la soga del ancla. Una vez recuperado Alberto follaron tiernamente, con el sol pegando duro. Antes de la comida se retiraron a descansar un rato al camarote. Allí Alberto la penetró analmente a cuatro, tirando fuertemente de sus cabellos como a ella le gusta.

De almuerzo, el asistente les preparó una Caldereta al estilo catarinense, cuya base es pescado con patatas, harina de mandioca y los ingredientes típicos brasileños, y de postre ensalada de frutas con quindin, basado en coco con azúcar, yemas de huevo y mantequilla, acompañado con naranja, mango, fresas y plátano.

Los cuerpos de los cuatro eran bonitos, pero agrandaban su belleza el sol, el mar, la naturaleza, la sensación de libertad y la envidiable armonía del conjunto. Suzy, encantada con sus regalos, no pensó en ningún momento romper esa armonía por estrenar alguna de las piezas. Las chicas se confabularon y cuando ellos estaban degustando un café, se presentaron con espuma y cuchillas de afeitar con el objetivo de depilarles íntegramente, a excepción del cabello del pelo.

Intentaron oponerse, pero al primer beso juguetón acompañado de súplica, cedieron. Empezaron con Alberto; en apenas media hora le dejaron suave como un bebé. Como premio las dos le llenaron de besos, entre las dos le chuparon la polla hasta que se corrió compartiendo ambas su semen. Mientras, Mauricio miraba antes de que repitieran el juego con él.

Levantaron el ancla y se dispusieron a pescar, esta vez con más suerte; Suzy aprovechó para estudiar un par de horas; pescaron media docena de piezas de aproximadamente medio kilo. Al anochecer se acercaron a la costa, anclando el barco a 100 metros de una pequeña playa desierta a la que ellos se acercaron nadando. Vivieron otro momento mágico al tomar tierra desnudos, rodeados por un barranco lleno de árboles y matas. La tripulación trasladó en una Zodiac los elementos necesarios para preparar una barbacoa, acompañada de excelente vino de Burdeos. Allí pernoctaron hablando, jugueteando y amándose.

Pasaron dos días más en el mar hasta que las obligaciones de todos les hicieron regresar. Al despedirse Alberto la regaló un anillo con un precioso diamante de un kilate. Suzy le preguntó si significaba algo, a lo que él respondió que significaba lo que ella deseara que significase. Esa contestación le gustó.

El martes montaron una sorpresa para Cynthia. La idea fue de Suzy y Poli con la colaboración de Lilly, que fue quien realmente la organizó con la ayuda de Paulo. Suzy citó a sus amigas en la casa de Lilly. Cuando ésta llegó le pidieron que se desnudara, le taparon los ojos y la trasladaron al jardín y la metieron debajo de una mesa, cuando ya estaba allí le pidieron que se quitara la cinta de los ojos. De esta forma pudo apreciar bajo la mesa los cuerpos desnudos y sentados de ocho chicos muy jóvenes, casi adolescentes, con sus cipotes completamente duros; le pasaron una botella de whisky y oyó una voz que decía ‘empieza el juego, creo que ya conocéis las reglas’.

Cynthia se dispuso a chupar con deleite cada una de las ocho pollas. Los chicos eran Paulo y siete amigos, compañeros del equipo juvenil de fútbol del municipio. Un manjar de dioses que Cynthia supo disfrutar con deleite; ellos disfrutaron casi tanto como ella; apenas fueron capaces de seguir el juego ordenadamente, todos se corrieron y ella no desperdició ni una gota de semen. Al terminar entraron Suzy y Lilly desnudas y follaron divertidas con todos, de dos en dos, mientras le chupaban la polla a uno otro la penetraban. Después se bañaron todos en la piscina. Al final, cuando todos se marcharon, Lilly se quedó follando con Paulo.

En su último e-mail Charlie le contaba que le había llamado Elizabeth y habían salido una noche juntos. Al final ella consiguió catar su polla de 18 centímetros. Al día siguiente se volvían a reunir en el Filet Brasil, en el juego de la mesa redonda, con una nueva innovación, en vez de un chico iban a utilizar una chica, una amiga de Michel que hacía tiempo se había ofrecido como voluntaria. Ella lo chupaba con más suavidad y mejor que la mayoría de los chicos. De hecho consiguió que prácticamente todas se corrieran.

El debate sobre la mesa transcurrió sobre la bisexualidad y la homosexualidad. La mayoría, aunque se consideraban completamente heterosexuales, habían tenido alguna relación lésbica satisfactoria.

El fin de semana en Brasilia Suzy lo aprovechó de una manera distinta. Acompañó a Alberto como si fuese su novia, conoció profesionales, empresarios y hasta algún político de alto nivel. Era gente preparada, de formas elegantes y muy educadas. Hubo sexo, pero también mucha ternura, comidas en restaurantes de lujo, como La Vecchia Cucina, Bargaço Culinária Brasileira, La Torreta Culinária Espanhola, y Lagash Culinária Árabe; y tiempo para hacer turismo.

Brasilia es un caso único en el mundo, es una ciudad creada desde el lápiz y el papel para ser la capital de Brasil. Ahora tiene 45 años de existencia. Está construida con un estilo audaz y moderno. Fueron sus principales arquitectos los vanguardistas Niemeyer y Costa. El centro de la ciudad está atravesada por un amplio corredor de jardines delimitada por dos amplias avenidas que, a su vez, son atravesadas por otras vías con forma arqueada. Por este motivo dicen que vista desde el cielo, Brasilia tiene forma de pájaro o de avión.

La urbe presenta un aire limpio, inmensas zonas verdes, buen clima, edificios majestuosos, casi colosales, avenidas amplísimas… desde la Torre de Televisión, ubicada en el corredor central y aproximadamente a un kilómetro de la plaza de los Tres Poderes, se puede apreciar toda la belleza del centro y entender cómo la enorme distancia entre edificios hace que moverse a pie por la ciudad resulte a veces un reto  imposible de lograr.

Nadie que visite la ciudad debe abandonarla sin, al menos, haber contemplado la impresionante catedral metropolitana de Nossa Señora Aparecida, la originalidad del Palacio Itamaratí y el Palacio de Justicia, el memorial del Presidente JFK, el Templo da Boa Vontade y el de la Legión de la Buena Voluntad, los Ministerios y el Museo de Gemas.

Brasilia rompe con todos los estereotipos de las ciudades tropicales, se aleja poderosamente de los tópicos y ofrece la posibilidad de disfrutar de una metrópoli calculada milimétricamente, estudiada al detalle, precisa y futurista que quedará grabada por siempre la memoria de quien la visite como si de un sueño se tratara.

Es una ciudad nacida de la nada, prefabricada, en la que nada es casual y en la que el azar no tiene cabida. Conjuga perfectamente lugares para el ocio, con centros de convenciones y congresos, donde conviven el arte y la cultura con los asuntos administrativos y política. Brasilia es el futuro hecho presente a través de una de las ciudades más bellas e impactantes del planeta.

Por eso cuando Alberto la llamó para decirle que tenía un billete de avión para la próxima semana en Brasilia, ella se llevó una gran alegría. Tenía un magnífico apartamento, espacioso, decorado con un gusto exquisito, pocos muebles pero elegidos uno a uno con tiempo; predominaba el estilo Decó; tenía una mini piscina en la terraza, una cocina de muebles de acero alemana; una más que aceptable biblioteca con libros de literatura e historia bien elegidos, cómoda para la lectura.

En otra ocasión Suzy no aceptó prorrogar sobre lo hablado su estancia allí, pero ahora había dejado, conscientemente, abierto el billete de vuelta. El día de llegada Alberto había montado un cóctel con unas veinte personas; buena música brasileña que no dejaba hueco a ninguna otra, constatándose una vez más la burbuja musical que vive permanentemente Brasil.

A algunas personas ya las conocía Suzy, por lo que rápidamente se introdujo en el ambiente. Ella era la más joven y, sin duda, la más bella y sensual; elegantemente vestida con el último regalo. Alberto le comentó, señalándole una pareja que acababa de llegar y que estaban recién casados desde hacía dos meses, que ella le intentaba seducir cuando se la encontraba en una cafetería cerca de su despacho. Suzy le propuso un juego consistente en que Alberto se la follara en el dormitorio principal mientras ella les estuviera observando desde dentro del armario, dejando una puerta ligeramente entreabierta.

El problema consistía en que tenía que ser un polvo muy rápido, para no levantar suspicacias entre el resto de invitados. Después, seguía hablando Suzy, yo intentaría seducir a su marido, contigo igualmente en el armario. Alberto aceptó el reto y le propuso, además, que cada uno quedara con el improvisado amante para follar al día siguiente en un hotel de la ciudad.

Suzy se fue al dormitorio y se metió en el armario. A los diez minutos apareció Alberto acompañado de ella, la besó rápidamente en la boca, le pidió que se la chupara, cosa que ella hizo bajándole la bragueta y sacándole la polla; él la dio media vuelta, la puso en cuatro sobre la cama, le levantó el vestido, le bajó sin quitarle la calcinha y la folló con fuertes y rápidos movimientos. En otros diez minutos los dos estaban saliendo de la habitación.

Alberto volvió al cuarto, la dijo a ella ‘te toca’ y se metió en el armario. En menos de cinco minutos lo traía de la mano, cerró la puerta, le besó, le bajo la bragueta para chupársela, se dio media vuelta, se subió el vestido, se bajó algo la calcinha y él la penetró. En menos de seis minutos salían de la habitación.

Cuando se encontraron por el salón casi no podían contener la risa. Muy cerca de ellos estaba la feliz pareja, ambos con una sonrisa de oreja a oreja.

Casi al amanecer, cuando todos los invitados se hubieron marchado y dieron permiso al servicio para que se retirara, ellos se introdujeron en la mini piscina de la terraza. Se estuvieron acariciando, abrazando y besando más de una hora antes de follar sobre el sofá de cuero naranja. A media mañana el se fue al despacho y ella se quedó estudiando en la biblioteca.

En una conversación entre dos invitados oí el nombre de una ciudad llamada Humboldt que no conocía, pero que sin saber por qué sentí atracción por ella.  Aproveché que entre los libros había varios de geografía americana y descubrí que con ese nombre había ocho ciudades, tres distritos, un golfo, una corriente de mar, un río, dos cumbres, una montaña y cuatro parques naturales. Antes y después de él, ha habido muchos excelentes exploradores e investigadores científicos del Nuevo Mundo, y sin embargo ninguno de ellos ha sido considerado digno de este singular aprecio.

Por la noche cenando en el restaurante La Chaumière Culinária Francesa, los dos comentaron situaciones similares en su último juego erótico. Suzy acudió a su cita en el hotel Kubitschek Plaza Hotel Brasilia. Después de hablar y beber algo de champaña, se dispuso a disfrutar de una divertida y morbosa tarde de sexo sin complicaciones. Una vez él se había corrido y ella le reanimaba su polla chupándola, él comenzó a expresar un cúmulo de sentimientos que daba la sensación de un enamoramiento rápido e inmaduro, por lo que ella se replegó, terminó de follarle por segunda vez y puso toda la distancia psicológica que pudo hasta despedirse, no aceptando ningún contacto posterior.

A Alberto le pasó algo parecido en su cita en el Blue Tree Park Hotel Brasilia. Ella se le abalanzó desde el primer momento haciéndole propuestas de futuro, que incluían dejar a su marido si él estaba dispuesto a vivir con ella; él después de tener que follarla dos veces se la quitó como pudo. Habían jugado con fuego y, sin duda, se habían quemado; aunque ambos supieron salir con agilidad y rapidez, aprendiendo una nueva lección.

Suzy disfrutó del lujo y de la vida de la capital, estudió fuerte y acordó con él responsabilizarse de la puesta en marcha de la discoteca en Madrid. Le pidió contar además de Cynthia, con Poli y más adelante con Lilly. Alberto la ofreció un buen salario para ella y Cynthia; algo más ajustado para las otras dos. Como complemento añadió el pago del alquiler de un apartamento para las cuatro y un bonus sobre los beneficios. Después de visitar con él las discotecas más de moda de Brasilia, Feitiço Mineiro, Frei Caneca Draft, Bolero Dancin’Club, se volvió a Redençao.

Antes de abandonar Brasil utilizó algunas semanas en convencer a Poli, preparar sus exámenes con la ayuda imprescindible de Catherine, contactar con amigos que estaban en Madrid y en preparar su traslado académico. Ella pensaba superar en junio el segundo curso de comunicación audiovisual. Antes de vivir en Londres había superado dos cursos de Administración de Empresas en Brasil.

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